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lunes, 6 de septiembre de 2010

Altibajos

Sin duda alguna periodismo es una de esas carreras que te permiten conocer a un montón de gente diferente. Es como… estudiar a la gente por trabajo – al menos hasta que te hastías del mismo y te dedicas simplemente a apuntar en un papel frases literales sin ningún tipo de interpretación.

Encuentro muy interesante clasificar a la amplia gama de personajes que te puedes encontrar, desde los organizadores pasando por periodistas y comunicadores hasta los fotógrafos. La pena es que en este tipo de cosas dependes en un nivel superior al deseable de tu humor, como no te apetezca hablar con desconocidos, estás jodido. Y eso precisamente me pasó el otro día. Asistí a una rueda de prensa como ayudante de uno de los organizadores del evento en cuestión, el trabajo que tenía que hacer allí era más o menos nulo y el hombre, muy amable, se empeñaba en que aprovechase este tipo de oportunidades para conocer gente y si podía salir de allí con algún tipo de opción laboral, o que alguien saliese recordando mi nombre. Pero bueno, una servidora tenía el día poco hablador y estuve al borde de pasarme todo el tiempo sentada en la esquina menos concurrida mirando al vacío. El señor, e insisto en lo de muy amable conmigo, se simpatizó conmigo explicándome que era normal que al principio me diese algo de vergüenza, y que claro, que cuesta coger confianza y promocionarse a uno mismo, “¿cómo no va a costar?”. Lo cierto es que no creo que padezca ese tipo de problema… cuando quiero claro.

Creo que debería de dejar de ser tan emocional y controlar un poco esa sensación de “no me apetece comunicarme con el género humano y de hecho si pudiese ahora mismo cambiaría de especie”. Desgraciadamente una no puede evitar tener sus altibajos, porque por otra parte me encanta escuchar las historias de la gente. Hace no mucho conocí a un arquitecto británico que me fascinó, y me quedé voluntariamente en la sala hasta que todos los demás fotógrafos, entrevistadores y demás gremio se hubieron ido para charlar un rato con él – bueno, también por eso de que me encanta el acento británico. Desgraciadamente el hombre se cogía un taxi en media hora, para coger un tren, para coger un avión a… Nueva York si mal no recuerdo.

Por supuesto también hay algunas zorras, como una que conocí el día este en que no me apetecía hablar con nadie. Me la presentó un locutor de radio – que por cierto, ¡qué voz! – y la tipa no se digno siquiera a darme dos besos o dicer hola una vez hubo escuchado alguna de esas fatídicas palabras: estudiante, voluntaria.

A veces también me pregunto qué les hace feliz a cada uno de ellos, pero bueno, esto no era de lo que quería hablar. Seguro que a la señora esa le haría más feliz ser un poco agradable y sonreir de vez en cuando a la gente que considera inferior.

2 comentarios:

  1. Si, algunas veces estaría bien cambiarse de especie; sobretodo cuando preguntas por "Romeo y Julieta" de Shakespeare y te contestan: "¿Romero y qué mas?"

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  2. Sí, en esas situaciones por ejemplo... aunque gracias a eso me eché unas buenas risas.

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