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viernes, 6 de agosto de 2010

En su nombre

En el de Dios, claro.
No, no es que me haya vuelto religiosa y mucho menos predicadora. Resulta que esta mañana una señora de mediana edad se paró enfrente mio (yo estaba apoyada en una pared esperando a un amigo con el que había quedado para tomar un café) y me preguntó si me gustaba leer. "Sí, mucho" le contesté amablemente. Y ofreciendome un par de revistas que llevaba en la mano mientras mostraba parte de su contenido, me sonrió y asuguró lo interesante que era aquello y las cosas tan bonitas que contaba. Tras esto, con un "suerte guapa" o "hasta luego bonita que te vaya bien" dobló la esquina dejando las revistas en mis manos. Y sí, antes eran más cercanos a uno, que llamaban al timbre de tu casa.
Dado que seguía esperando a mi amigo que se retrasaba un poco, agradecí tener algo con lo que entretenerme y me puse a ojear la revista. Mencionaba algo sobre la crisis, el paro, el apoyo que Dios, através y únicamente de los testigos de Jehová te podía ofrecer (hasta aparecía una caricatura muy graciosa de un cura dándote la espalda con cara recelosa y de pocos amigos), por último, un artículo bastante extenso acerca de "su nombre", eso, el de Dios, y lo importante que era conocerlo (Testigos de Jehová, sí, lo que viene siendo propaganda subliminal a su manera tan especial y rarita). Procedí a leer el artículo, práctica que detuve en el punto en que éste mencionaba a Satanás como individuo que pretendía impedir que conozca al verdadero Dios, o al verdadero nombre de Dios, no sé.
Con todo esto no quiero afirmarme en ningún tipo de oposición a la religión cristiana y sus variantes, ni ningún otro tipo de secta o fe. Sólo es que no me gusta que la gente me intente imponer sus creencias (me mantengo al margen de la crítica a los intereses económicos, no como otros). Lo siento señora, agradezco su sonrisa y amabilidad, y adore usted a quién le dé la real gana, pero a mí no me venga con sus cuentos.
P.d.: Las revistas se me olvidaron inintencionadamente encima de la mesa de la cafetería a la que luego fui.

1 comentario:

  1. "No me gusta creer en Dios, no me gusta creer que alguien, aparte de mí mismo, puede limitarme".
    Espero que no fuese yo el que se retrasaba, no suelo ser impuntual. ;)

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